Aún así lo disfruto, me entrego a lo que me dá.. A penas son las cinco de la tarde y ya parece atardecer. Dejo que el sol, cálido por la época, acaricie mi cara..
El viento no para de soplar, me despeina y es un placer no querer controlarlo.. También lo hace con los árboles que me rodean y me siento una más..
El agua no puede evitar descubrir que las rocas sean el final del camino, que le obliga a regresar a donde pertenece, aunque no quiera.. Tantas veces he sentido esa impotencia..
La gente pasa.., me miran, sonrien.. y veo en sus miradas el reflejo de la paz que siento, de mi serenidad..
Adoro el mar, me calma.. Apacigua mi alma a la vez que me da nostalgia y me recuerda que ya no quiero entender por qués..
Desde este rincón, buscado y medido expresamente por mi destino.. poco a poco comienzo a entender que está todo previsto.. Quizás el puente que crucé, una y otra vez para encontrarte del otro lado, quizás ese puente.. eras vos.. No sabría como agradecerte.. De principio a fin, todo lo que has hecho en mí..
Y descubrir la verdad.. que ha estado casi como burlandose por estar a tan pocos metros..
Siempre he sentido fascinación por lo simple.. Sencillamente debía ser así..
Y aunque ahora los vaya abriendo, aunque me cueste porque están sellados, poco a poco ayudo cortándolos con cuchillas afiladas pero todo comienza a iluminarse... Y ese brillo, ese destello me acaricia y calma mi pena..
Puede ser la luz de tu sonrisa, puede ser la chispa de tu mirada esquiva, puede ser el camino que me guías por praderas toscaneras, por desiertos a los pies del Himalaya, pueden ser los bandoneones al escucharte...

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